La competencia entre madres e hijas crece

Hoy en día es común ver a madres con cuerpos más tonificados y firmes que los de sus hijas. Las nuevas tendencias traen conflictos, por eso entrevistamos especialistas para informarte.

La madre compitiendo con la hija es un tema de bastante escozor en la relación de ellas, por lo que dos profesionales, una especialista en crianza y otra psicóloga especializada en trastornos de alimentación, nos informan al respecto.

Hoy en día es común ver a madres con cuerpos más tonificados y firmes que los de sus hijas, a pesar de la diferencia de edad. Son mujeres que van al gimnasio, hacen tratamientos estéticos, se cuidan en las comidas y hasta lucen ropa de estilo juvenil. Viven pendientes de su cuerpo para mantener una figura impecable, joven y entablan una competencia -implícita o explícita- con su hija adolescente.

Este comportamiento de la madre erróneo en donde deja de ser por un rato su progenitora para convertirse en competencia causa problemas en la adolescente que ya esta atravesando un momento de cambios en su vida en la que las crisis y desencuentros con las figuras que representan autoridad están en permanente conflicto. En esta etapa, el vínculo con los padres ya de por sí se tiñe de competencia y desafío, ante esta situación con su madre empeora.

Pero qué sucede cuando del otro lado nos encontramos con estas madres que quieren parecerse a sus hijas. “En el proceso personal en que la menor inaugura los temas más importantes para ella son la identidad y su lugar en el mundo, en este sentido el cuerpo ocupa un lugar central, más aún en el caso de las mujeres”.” Los cambios que iniciaron en la pubertad continúan desafiando a la adolescente en su permanente adaptación, sumado al interés puesto en las miradas de los otros.”, explica la psicóloga Marisa Russomando, especialista en maternidad y crianza y directora de La Cigüeña

Entre otras cosas, la adolescencia es ese periodo de cambios, es cuando trata de ensayar la entrada al mundo adulto incluyendo la sexualidad y es allí donde una figura materna es fundamental, sostienen los especialistas.

“Llega la hora de prestar ropa, maquillaje pero también de críticas hacia el look de la madre, es una etapa normal. En esta época de la vida, la madre aparece como un espejo. Pero esta madre no le muestra una opción del mundo adulto sino que le devuelve una imagen de par. La adolescente tendrá entonces que dar más giros hasta encontrar un sostén en la construcción de su identidad, compitiendo aún más con su madre ya que ambas intentan ocupar un mismo lugar: el ser joven, seductora, centro de atención”, explica Russomando.

Es un riesgo que crece, una madre que quiere competir con su hija se puede traducir en distintos comportamientos: conflicto permanente, una hija que se resguarda de su madre. “La necesidad de competir con su mamá, el miedo a no poder igualarla, la sensación de rivalidad influyen en forma negativa en la mente de cualquier adolescente. No hay una competencia de pares. La mamá tiene más experiencia, más camino recorrido. Esa adolescente se está comparando en desventaja con una mamá que no actúa como mamá sino como una hermanita”, reconoce la psquiatra Mabel Bello, Directora de ALUBA Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia.

En nuestro lenguaje está implícito el cuerpo, la comida, el embellecimiento, las dietas. Es difícil escapar a esto. No es ilógico, entonces, pensar que a ciertas mujeres les asuste la madurez y caigan en la trampa cultural de ser siempre adolescente. En cada edad hay un encanto y se puede madurar siendo feliz, dando una imagen aceptable a las hijas para que crezcan de forma sana, concluye Mabel Bello

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